La última noche de Gran Hermano dejó a todos con la boca abierta. Una noche repleta de jugadas arriesgadas, tensiones al límite y conflictos inesperados terminó convirtiéndose en uno de los episodios más intensos del reality hasta ahora.
La protagonista indiscutida fue la pelea explosiva entre Chiara y Tato, aunque también hubo polémica fuera del juego por una actitud de Ulises que desató el enojo de la producción.
Todo se desató a partir de una jugada clave de Tato, quien ostenta el rol de líder esta semana. En una maniobra que generó fuertes reacciones, el jugador decidió usar su poder especial para enviar directamente a Ulises a la placa de eliminación. La decisión generó incomodidad en el grupo y desató la furia de Chiara, que no dudó en encararlo de frente.
En un momento cargado de tensión, Chiara arremetió contra Tato con palabras contundentes. Lo acusó de centrar toda su estrategia en su rivalidad con Ulises, y de poner en riesgo la permanencia de otros jugadores por actuar movido por broncas personales.
Además, lo descalificó como jugador y dejó entrever que su liderazgo no tiene fundamentos sólidos. La discusión subió de tono y se vivió un verdadero cruce encendido, que paralizó por completo a los demás habitantes.
Tato intentó justificar su accionar, pero quedó en una posición incómoda frente al resto de sus compañeros. Lo que parecía una jugada estratégica se transformó en un conflicto que expuso fracturas internas y rompió alianzas.
Mientras tanto, afuera de la casa, Ulises protagonizó una situación que no pasó desapercibida. Durante la transmisión en vivo, hizo un comentario irónico sobre el vehículo que recibió como premio, calificándolo de forma despectiva.
Esto generó una reacción inmediata por parte del conductor Santiago del Moro, quien no ocultó su malestar y lo cruzó al aire. La respuesta de la producción no tardó en llegar: se determinó que Ulises no será tenido en cuenta para futuras recompensas durante su estadía en el reality.
Con sanciones activas, enfrentamientos verbales y estrategias cada vez más arriesgadas, el juego entra en una etapa completamente impredecible.
Chiara gana protagonismo con una postura desafiante, Tato tambalea en su rol de líder y Ulises suma un nuevo frente de conflicto. El ambiente está más cargado que nunca y cualquier movimiento puede cambiarlo todo.