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La historia del mimbrero en Argentina ¡Vendedor ambulante de nuestro pasado no muy lejano!

Habiendo nacido en los años 40, guardo memoria del transitar de esos habituales personajes que, con sus voces llamativas, anunciaban su arribo a la vecindad. Presentando sus productos, servicios y presencia, los cuales con el devenir del tiempo han ido cambiando o incluso desapareciendo. La historia del mimbrero en Argentina ¡vendedor ambulante de nuestro pasado no muy lejano!

En este artículo te traemos La historia del mimbrero en Argentina ¡Vendedor ambulante de nuestro pasado no muy lejano! Echa un vistazo a esta historia
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La historia del mimbrero en Argentina

Con su carro de barandas altas, completamente cubiertas con sillas de madera clara y asientos de paja. Grandes cestas de mimbre, donde las mujeres solían poner la ropa para lavar. Las sillas plegables de lona, tan comunes para usar en el patio de la casa o llevar de picnic o a la playa.

La conocida silla «baja», que en todas las casas había una para la abuela. Donde descansaba o hacía alguna tarea manual (costura o tejido), o tomaba mate. Moisés y cunitas para bebés, andadores; La silla alta para que los pequeños comenzaran a compartir la mesa de los adultos. O su sucesora silla para niños pequeños.

Completando su carga con una variedad de cestas de mimbre, esterillas, cortinas rústicas y canastas para ir de compras a la feria. Pasaban una vez por semana y siempre había alguien que les compraba. A pesar de la cantidad de objetos que transportaban. No era demasiado peso para el caballo que tiraba del carro y seguía el paso de su dueño.

Que solía caminar delante o junto al animal. Cuando alguien quería comprarles, sin necesidad de una orden, se detenían, y tampoco necesitaban orden para continuar. Ambos parecían entenderse como hermanos… También era costumbre que los niños, mientras sus padres compraban.

Salieran a darles algo de comer a los caballos. Hombre y caballo juntos, recorrían todas las calles de mi barrio. Compartiendo ese camino durante años… y desaparecieron juntos en el tiempo, dejando de verlos en los años ’75. Cuando la importación empezó a dejar desempleados a miles. Mientras su voz y su pregón «Silleeerooo, sillerooo, sillas de paja y canastos de mimbreee… Sillerooooo…!» se iba perdiendo inadvertidamente.

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